Asombrados por la vertiginosa creatividad de la plástica cubana actual, el público sigue el paso de las renovadas creaciones de los artistas consagrados del momento y el constante surgir de nuevos valores. Este devenir también mantiene en guardia a los críticos de arte, quienes deberán llegar a conclusiones sin tener a su favor el mito de la decantación de la obra artística en el tiempo.
¡Claro! Siempre tendrán que remontarse a los inicios de este boom, cuando –en la segunda década del siglo XX- Víctor Manuel pinta su Gitana Tropical Con esta obra el desprejuiciado joven encabeza el grupo de artistas plásticos que, al rebelarse contra la más rígida tradición academicista, hace nacer la pintura moderna en Cuba.
¨Ellos descubrieron el rostro y el alma coloridos de la Isla verdadera¨ señala el estudioso Juan Sánchez, sobre los reconocidos pintores de esta primera generación vanguardista, entre los que también destacan por su genio Carlos Rodríguez, Amelia Peláez, Fidelio Ponce, Marcelo Pogolotti, Abela y Rabenet. En lo adelante, junto a las esencias nacionales, se tendrían en cuanta las nuevas técnicas y aportes cosmopolitas, como corresponde a una Isla signada por la mezcla de las más diversas culturas.
Durante los años 40 cabe destacar el legado de Mariano Rodríguez, René Portocarrero, Martínez Pedro, Felipe Orlando, Cundo Bermúdez, y entre los más jóvenes Carmelo Gonzáles y Roberto Diago. Entre los ´50, José Bermúdez, y entre los más jóvenes José Bermúdez, Frayad Jamás y Antonio Vidal.
La creación de la Escuela Nacional de Arte (1962) y del Instituto Superior de Arte (1978), más la permanencia de la casi bicentenaria escuela de San Alejandro, contribuyen a consolidar y desatar este estallido incontrolable en las nuevas generaciones de artistas plásticos.
Son sus hijos pintores los que se mantienen en la cima de las artes plásticas de Cuba: Flavio Garciandía, César Leal, Manuel Mendive, Roberto Fabelo, Zaida del Río, Aldo Soler , Nelson Domínguez, Flora Fong, Ever Fonseca, Juan Moreira, Alberto Lescay y Manuel López Oliva, en una relación interminable que involucra innumerables pintores cubanos.
En as difíciles condiciones económicas de la última década del siglo XX en Cuba, surge u creciente mercado internacional para las obras de arte que sin duda, repercute en el auge de la pintura de caballete el dominio de las técnicas, ahora también las vinculadas a las nuevas tecnologías. Pero en post de expresar conceptos raigales al ser humano, ni los más exquisitos pintores renuncian a géneros de difícil mercadeo como pueden ser las instalaciones.
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