Cuba es la Isla de la Música, porque la música es oxígeno y vida para los cubanos. La existencia cotidiana de esta Isla respira y trascurre al compás de una amalgama de ritmos que puede escuchar en cualquier esquina, a través de una ventana o en la primera calle que encuentre.
No se asombre si en su recorrido por el país se tropieza con una sudorosa pareja que baila al compás de una rumba callejera. Tenga listos los ojos, el sentido y la disposición. De seguro le darán entrada libre para esta espontánea fiesta. No encontrará solo una, quizás sean muchas. Por las venas de esta nación corre incesantemente la música, presente en la manera de hablar, de andar, en el sublime acto de iniciar un romance o hasta para asumir las situaciones más difíciles y complejas de la vida. De todas las manifestaciones artísticas, es la que ha evolucionado con mayor rapidez y fortaleza. Su estatura y progreso, incluso, influyó en el nacimiento de corrientes musicales de otros países. Así por ejemplo, se habla de cómo La Habanera, ese género musical surgido de la danza criolla y la contradanza, dejó su impronta en el nacimiento del tango o cómo la estructura del son cubano fue adoptada por los propios salseros latinos para cultivar este ritmo.
Eterna deudora de la riqueza folclórica de España y del vigor de los ritmos africanos, traídos al país por los negros esclavos, la música cubana recibe también, peo en mucha menor cuantía, el legado francés depositado por los terratenientes galos y los esclavos que arribaron a la región oriental del país huyendo de la insurrección en Haití. ¨Todo mezclado¨ escribió Nicolás Guillén, Poeta Nacional de Cuba. Mezcla que conformó, a lo largo de los años, un vasto conglomerado de melodías y ritmos integrantes hoy de la identidad de la nación.
Géneros Musicales Cubanos
El ritmo predominante en la música cubana es el son, de él se derivan otros cercanos como el danzón, la guaracha, el guaguancó, la rumba, el cha cha chá, el mambo, y la salsa o su versión nacional: la llamada timba cubana.
La música culta, sinfónica o de cámara, tiene magníficos intérpretes y compositores reconocidos internacionalmente. Se habla de una escuela cubana de guitarra. Igualmente posee destacados pianistas.
El jazz o su otra versión, el ¨latin jazz¨o jazz latino, tiene muchos y excelentes adeptos en la Isla.
Los músicos cubanos sobresalen por su talento para la percusión. Son muy rápidos y rítmicos.
La Décima Repentista
Aunque se cultiva en varias zonas del planeta y no solamente en América Latina y en idioma castellano, la décima campesina tiene su mayor plaza en Cuba. Se trata de una influencia, indudablemente española, aunque los italianos, los portugueses y también los brasileños, la disfrutan vivamente.
¿Qué es la décima campesina improvisada? Se trata de una mezcla de muchas cosas. E primer es poesía, luego décima. En segundo lugar es canción, pero improvisada, se inventa en el momento en que dos personas se disponen a cantarla frente a un determinado público (mientras más personas se logra un mejor clima y nadie sabe por qué). Una dice una décima y la otra debe continuar, preferentemente por el último verso cantado. En tercer lugar, la décima improvisada suele ser controversial, con la polémica y su respuesta. Y en cuarto lugar, requiere de actuación, es un espectáculo se subordina a las leyes de ese género en la escena. Pero un ingrediente más, la décima improvisada es campesina, es decir, nace, se cultiva y desarrolla en los campos. Es un género del hombre de campo.
¿Cuáles son sus temas? El amor, la amistad, la vida, la muerte, el nacimiento, los animales, el sol, la luna, el agua, las palmas, etc.
Desde asuntos morales y éticos hasta los más simples y simpáticos. No falta la gracia criolla de la gente campesina y suele tener ingredientes de picardía, buen humor y lozanía.
Buenavista Social
Club
La Historia de Buena Vistasocial Club aún sorprende a los medios musicales. Repentinamente, u grupo reviejos músicos de 70 años y más, desempolvan sus instrumentos y sus antiquísimas voces, e irrumpen en la escena mundial. Nadie podía imaginárselo. Apenas la nostalgia quedaba de ellos. Ibrahím Ferrer, el director de la orquesta, era un total desconocido para as nuevas generaciones de la escena cubana. Lo rememoraban apenas los viejos músicos cubanos y los jóvenes más enterados.
Y de pronto, resulta que el tiempo no había concluido su obra. Ni que los viejos músicos cubanos de los años 40 y 50 estaban gastados. Como dijo alguien con mucha autoridad: no habían concluido su creación ni el tiempo de había cerrado. 
Un productor norteamericano los redescubrió. Vio su fuerza y su posibilidad ante u mercado saturado de ritmos temporales. No es que solamente el viera en ellos su talento y gracia, también es que el productor tuviera la posibilidad de promoverlos en un mercado inaccesible para los músicos de la Isla.
Peron o es sólo Buenavista Social Club. El fenómeno incluyó al formidable músico de 90 años (fallecido recientemente) Compay Segundo, y más recientemente a otro desempolvado: Elíades Ochoa. Algo ocurre, no hay dudas, pero la música cubana tiene
que revisarse, al igual que al mercado donde ella no concurre por ignorancia, desprecio o bloqueo político.
Alguien ha afirmado que los grandes soneros siempre vinieron de Santiago de Cuba. Al igual que el infaltable ron cubano en las tertulias, a lo largo de la Isla. Ibrahím Ferrer también llegó de la oriental provincia cubana. Ganó el Grammy en 1997 y es nominado en 1999, junto a su grupo memorable y vuelve a ser propuesto y ganador en el Grammy Latino del 2000.
Cuando en el escenario empieza a irrumpir Buenavista, detrás está toda la historia de la música cubana de este siglo. Y es que los cubanos son uno sólo. No importa la época, los ritmos, la espiritualidad, sino las esencias de ese ajiaco de razas, española, africana, negra, latina, criolla, asiática, francesa de otras latitudes.
El Bolero
No hay dudas, el Bolero es el ritmo que mejor identifica al latino. Tiene mucho de embrujo. Puede bailarse como parte de la atmósfera amorosa que despierta inevitablemente entre los que se dejan seducir por el misterio. Pero es un ritmo para pensar, rememorar, agrandar el alma.
Hay muchas definiciones del Bolero. Alguien ha afirmado que más que un ritmo cantado, género musical, es un estado de ánimo, generalmente nostálgico y profundamente íntimo. Nadie lo concibe si no está asociado al amor. Mexicanos y cubanos se atribuyen su patrimonio. Los mejores boleros se han cruzado entre los dos países durante decenas de años. También venezolanos, colombianos, dominicanos, puertorriqueños, y centroamericanos han creado sus mejores canciones y hasta se atreven a reclamar su patrimonio.
Pero el bolero en América es definitivamente un ritmo musical infinito, insaciable. Trasciende las épocas, se mantiene sobre el tiempo. Es escuchado particularmente en bares, cabarets cantinas. Todos los diccionarios le reconocen su cubanía. Un género melódico ligero, escrito en compás binario y ritmo lento.
El disfrute de este género tiene que ver con el tiempo y el pasado, pues, con el apso de los años, los admiradores del bolero terminan embelesados, a sus pies, con enigmático estupor.
Se canta cargado de tristeza, guitarra en mano y con una fuerte dosis de nostalgia. Puede tener una fuerte relación tanto con los fracasos como con antiguas conquistas. Para muchos el bolero es sinónimo de amor imposible.
Los amantes de la música clásica siempre recuerdan El Bolero, obra compuesta por el francés Maurice Ravel. Para otros, esa pieza no tiene nada que ver con ese género musical.
El bolero, arguyen, es el hombre mismo, el hombre simple, por dentro, sacándose todos sus infortunios o recreando sus viejos y misteriosos e inconclusos pasajes de amor. El tiempo que nunca más volverá.
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